"Siempre que vuelves a casa, me pillas en la cocina, embadurnada de harina, con las manos en la masa... ¡Niña! (hei, esto es cosecha propia, je je), no quiero platos finos, vengo del trabajo y no me apetece pato chino. A ver si me aliñas, un gazpacho con su ajo y su pepino (o copita de Ojén).Todos: Papas con arroz, bonito con tomate, cochinillo, caldereta, migas con chocolate, cebolleta en vinagreta, morteruelo, lacón con grelos, bacalao al pil pil y un poquito’e perejil.
—¡Chiquillo! (hei) que yo hice un cursillo para cordon bleu. —Eso ya lo sé pero, ¡chiquilla!—¿Qué?—Dame pepinillos y yo los remojaré con una copita’e Jerez..."
No me digáis que esta canción no incita a ponerse a cocinar como locos, aunque no nos guste, o por lo menos a hacer algún experimento, que no tiene porque salir siempre bien. Pues sí, esto es lo que me pasó a mi ayer, que mi ilusión de hacer un bizcocho esponjoso, se quedó en un bizcocho mármol, que ni mi novio quiso para desayunar, eso sí, haciéndose el despistado. Cuando le recordé que el bizcocho estaba en el horno, me dice: -"ay cari, ya eché los cereales en la leche, me he olvidado de tu rico postre, lo siento..", ya ya , como que una se chupa el dedo, pues que sepas que no ha colado.
Vale, que ya sé que mi pasión por la cocina realmente es casi inexistente, pero de vez en cuando, a una le apetece hacer algo especial. Tengo que reconocer que la receta siempre me la acaba facilitando mi madre o mi amiga Maru, pero el fin justifica los medios en este caso, ¿no?.
En fin, creo que tardaré mucho tiempo en hacer otro postre, y si os pido alguna receta, la próxima vez será de algo más light, ya que ahora me estoy comiendo el bizcocho yo solita y esto muy rentable para mi body no puede ser.
Biquiños golosos para todos.



